Que tu pecho respire es un signo de vida. Que tu corazón abrigue la más generosa esperanza, es también un signo de vida. Que cada mañana cuando despiertes agradezcas a Dios por despertar nuevamente, es un signo de vida. Que sonrías con plenitud y con entusiasmo, es ante todo, un signo de vida. Que guardes gratitud con quienes se han interesado en tu vida a lo largo de tu vida, es por ley natural, un signo de vida. Que expreses sin reservas lo que necesitas expresar, es por necesidad, un signo de vida. Sentir como propio el sufrimiento ajeno, es también, un signo de vida. Reflexionar constantemente sobre tus problemas y sus alternativas de solución, es ante todo, un signo de vida. Guardar una actitud de respeto y tolerancia ante las opiniones contrarias, es por sí misma, un signo de vida. Que te esfuerces decididamente por hacer siempre lo que mejor te conviene, es por ello mismo, un signo de vida. Que ames de forma auténtica, es porque así ha sido siempre, un signo de vida. Que sientas con propiedad cada momento de alegría, es un signo de vida. Que valores esta vida como única e irrepetible, es un signo de vida. Que así como cuando tu pecho respira es un signo de vida, así lo es tu vida cuando vive en abundancia.
10 de julio de 2002.
viernes, 5 de diciembre de 2008
Signo de vida
Que tu pecho respire es un signo de vida. Que tu corazón abrigue la más generosa esperanza, es también un signo de vida. Que cada mañana cuando despiertes agradezcas a Dios por despertar nuevamente, es un signo de vida. Que sonrías con plenitud y con entusiasmo, es ante todo, un signo de vida. Que guardes gratitud con quienes se han interesado en tu vida a lo largo de tu vida, es por ley natural, un signo de vida. Que expreses sin reservas lo que necesitas expresar, es por necesidad, un signo de vida. Sentir como propio el sufrimiento ajeno, es también, un signo de vida. Reflexionar constantemente sobre tus problemas y sus alternativas de solución, es ante todo, un signo de vida. Guardar una actitud de respeto y tolerancia ante las opiniones contrarias, es por sí misma, un signo de vida. Que te esfuerces decididamente por hacer siempre lo que mejor te conviene, es por ello mismo, un signo de vida. Que ames de forma auténtica, es porque así ha sido siempre, un signo de vida. Que sientas con propiedad cada momento de alegría, es un signo de vida. Que valores esta vida como única e irrepetible, es un signo de vida. Que así como cuando tu pecho respira es un signo de vida, así lo es tu vida cuando vive en abundancia.
10 de julio de 2002.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Miopes y perezosos
En un momento difícil de tu vida en esta tierra pensaste que era muy pesada la prueba que ibas a soportar. Definitivamente en aquella época no había ni analistas ni terapeutas ni literatura motivacional que te dijese cómo vivir. En realidad tú ya sabías, como lo saben todos los seres humanos que han crecido en uso de su intelecto, que el tránsito en esta vida consiste en hacer el bien. Ya tú mismo nos lo dices: fe, esperanza y amor.
Pero en definitiva, lo que quiero decir es que no tuviste más consuelo que el amor. Vaya ejemplo majestuoso que descansa en el altar de nuestros corazones.
Gracias porque hoy nos es necesaria tu presencia. Y si tú no hubieras sido como muchos de nosotros, miopes y perezosos, no hubiera ni fe ni esperanza ni amor para la humanidad.
viernes, 31 de octubre de 2008
El solo hecho de pensar
El solo hecho de pensar
Que el futuro carece de pasiones
Me hace
Olvidar los sueños
Que un día no muy lejano
Fracasarán entre tus brazos.
Sabes,
Si alguien sabe a dónde van
Tus frías manos
Seguramente
Me llamará
A media noche
Y me dirá:
“Ya vienen pronto”
Hasta entonces yo esperaré
Con ambos ojos perdidos en los fugaces
consuelos de tus labios.
No me digas tampoco
Que los días los tenemos contados,
Que ni tú ni yo ni nadie
Sobre este azul planeta sabemos
La hora postrera de la civilización.
Espérame, sólo dame una vida entera
Para alcanzarte
En los callejones melancólicos de una ciudad perdida
En la arqueología de los hombres…
Ahora que si quieres, pequeña soñadora,
Yo podría irme a vivir a la sombra
De tu respiración,
Que yo sé, eso sí,
Que esperarás en el pórtico de tu casa
Las horas plenas en que llame a gritos la oda de tu nombre.
Dime, entonces,
Pequeña y ágil soñadora,
Si tú decides
Echarme las redes tristes de tus pasiones,
Yo esperaré hasta que
Los amplios bulevares de una ciudad ajena
Te vean acudir presta a mis lamentos…
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