jueves, 4 de diciembre de 2008
Miopes y perezosos
En un momento difícil de tu vida en esta tierra pensaste que era muy pesada la prueba que ibas a soportar. Definitivamente en aquella época no había ni analistas ni terapeutas ni literatura motivacional que te dijese cómo vivir. En realidad tú ya sabías, como lo saben todos los seres humanos que han crecido en uso de su intelecto, que el tránsito en esta vida consiste en hacer el bien. Ya tú mismo nos lo dices: fe, esperanza y amor.
Pero en definitiva, lo que quiero decir es que no tuviste más consuelo que el amor. Vaya ejemplo majestuoso que descansa en el altar de nuestros corazones.
Gracias porque hoy nos es necesaria tu presencia. Y si tú no hubieras sido como muchos de nosotros, miopes y perezosos, no hubiera ni fe ni esperanza ni amor para la humanidad.
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