jueves, 10 de noviembre de 2022

Patronímicos

 ¿Hasta dónde importan los apellidos? Cuando entré a la escuela mis apellidos eran "Mérida Pivaral". Y así aprendí a escribirlos a los ocho años, un año después del fallido intento de iniciar la escuela a los siete, cuando me despertaban para ir a estudiar y yo salía conque me dolía la panza, la cabeza, estaba mareado o tenía náuseas. Pasaron los primeros años de la escuela y yo me sabía "Mérida Pivaral" porque eran los apellidos de mis hermanos, que en realidad eran mis tíos. Por el tercer año resulta que me llamaron de la dirección, que dizque porque esos no eran mis apellidos. Llamaron a mi mamá, que en realidad era mi abuela, para decirle que llevara una "fe de edad" para verificar que ese par de palabras fuesen en realidad identificativas de mi persona y no de otra. Pues resulta que me dijeron que no, que yo no era "Mérida Pivaral" sino que solo "Mérida" porque ese era el primer apellido de mi mamá, que como yo no tenía papá (puro Jesucristo) solo tenía "derecho" a usar el apellido de la mamá que no conocí. Total, me obligaron a escribir solo "Mérida" y así crecí con el asombro de acortar mi apellido por razones que yo no entendía.



¿Qué tanto influye el "linaje" o la "alcurnia" en la percepción que tenemos de las personas? En la ciudad - pueblo donde vivo es común que la gente, sobre todo la más longeva, suela relacionar a los jóvenes por el apellido o parentesco con los habitantes mayores. Que si fulanito es hijo de don zutano, que si menganita es sobrina de la nuera de doña tal por cual; cosas por el estilo que pretenden dar identidad por medio de otros. Pareciera que hay ciertos estamentos que son dados a priori por utilizar un apellido. A la tradicional excusa de los jóvenes sobre la vida de "Yo no pedí nacer" habría que agregar: "yo no pedí portar esos apellidos". Me parece que hay cierta "apellidocracia" para garantizar identidad personal y sensación de pertenencia. Y no solo a nivel de "pueblo" o de "masa", sino que en esferas de las clases más acomodadas hay todavía más apego al abolengo. Martha Elena Casaús Arzú hace una excelente relación de cómo las familias históricamente influyentes se han posicionado y cohesionado dentro del protagonismo del país.

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