Hay días en que las tormentas son por dentro, días que son noches y noches como sepulcros. Despertar es volver a dormir y las lecturas de costumbre se convierten en gritos de auxilio que nadie responde. Vivir por vivir, por instinto, impelidos a postergar la caricia y lo puro del abrazo.
Quizá haya una siembra esporádica: unas palabras pensadas que llegan tarde, unos argumentos que tuvieron que haber llegado a la corteza frontal desde hace rato, pero la vida y su ímpetu se encargó de esconderlos. Así nos pasa, trabajo, ocio, afecto, rutinas perennes que nos fragmentan y nos ponen en el laberinto desde solo miramos hacia arriba.
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